domingo, 29 de agosto de 2010

VACACIONES...22º CAPITULO

Los hechos de los últimos días lo obligaron a tomarse los días de descanso que tanto necesitaba. Una cabaña en el bosque cerca del mar con un pueblito alejado de la gran ciudad, fue el escondite que encontró adecuado a sus necesidades. Soledad y silencio.
Hizo una visita al pueblo para buscar provisiones en algún mercado. Había un cartel que decía “Lindo y barato” sobre la vidriera de una tienda, riéndose por dentro de la ocurrencia del dueño decide entrar y curiosear que se vendía ahí.
Una mujer de unos treinta años subida en una escalera apoyada en un librero, intentaba acomodar una hilera de libros en el último estante. Viendo que la pérdida de equilibrio y posterior caída de la mujer era inevitable, se acerca rápidamente para sostenerla, al verlo acercarse, la mujer se da cuenta de la situación. Intenta asirse de la estantería, pero solo produce una cascada de libros en su cabeza. Un momento después estaba en los brazos fuertes del asesino. La mirada de ella era de agradecimiento y vergüenza por la caída.
Mientras la dejaba en el suelo y la mujer se acomodaba la ropa, el hombre comenzó a recorrer el lugar. Una vitrina con unas figuras de vidrio de formas extrañas le llamó la atención.
-Las hacen los rayos en la playa –dice la mujer- que lo miraba con un libro en la mano de tapas doradas.
-¿Perdón? -Pregunta él, con cara de extrañeza
-Cuando hay una tormenta, los rayos caen en la playa, fundiendo con el calor la arena y dejando estas hermosas figuras –le dice la mujer mientras guardaba el libro en un cofre pequeño.
-Mi nombre es Laura – dice ella con una sonrisa.
El asesino la mira un momento y le dice –soy Gabriel.
-¿Le interesa algo en especial? –le pregunta mientras le muestra las vitrinas indicándole con la mano.
La mirada atenta y escrutadora del asesino intentaba descifrar la semi sonrisa que tenía esa mujer y sus ojos marrones con un dejo de tristeza muy atrayente, que lo aturdió un momento. Sacudiéndose la mirada de ella de encima y de su pelo enrulado castaño obscuro que se movía con su caminar casi sin hacer ruido. La mira atentamente y le dice –necesito alguna novela policíaca.
-¿Alguna en especial? –Pregunta ella- mientras desaparece en el fondo de un librero.
Este hombre que ha vivido la vida quitando otras por un precio, y que ahora ha quedado intimidado por la belleza de la mujer. Su negocio, una mezcla de librería y artefactos extraños no dejaba de sorprenderle y eso para él, era mucho decir. Hasta ahora nunca sintió la necesidad de enamorarse, pero esa tarde que entró en la tienda, lo cambió para siempre.
-sobre algún asesino –dice seriamente.
-Tengo el Coleccionista de Huesos – le contesta ella.
Mientras pagaba el libro y era envuelto por Laura, el hombre la miraba nerviosamente sin saber que decir. El silencio flotaba en el aire. No tenía ningún anillo que demuestre que estuviera casada y eso era el motivo de la pregunta que no se anima a decir. Pero rondaba su mente una y otra vez.
Al despedirse de ella parte hacia el mercado que le indico la mujer para realizar sus compras.
Ya en la cabaña mientras se cocinaba la lasaña en el horno comenzó la lectura del libro. Al terminar el segundo capítulo la comida estaba lista, preparó la mesa para disfrutar la cena. Y en su mente la imagen de Laura.

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